la fiaca

5 Feb

La fiaca

1

Desperté, como todas la mañanas. En alguna hora no siempre precisa. Por un momento tuve fiaca de abrir los ojos, retardé ese momento unos segundos mientras dejaba fluir pensamientos sueltos y desordenados, en imágenes y palabras que flotaban en algún lugar de la mente. Todavía me pregunto si ese espacio donde habitan los pensamientos tiene un lugar físico dentro del cerebro o es pura abstracción. Así es que, volviendo a mí, antes de abrir los ojos, estirando un pie y otro pie por debajo de las sábanas, pensé (acordemos que lo que uno puede llegar a pensar en el momento en que está despertando no pueden ser pensamientos muy profundos ni que se funden en teorías inteligentes), lo primero, un día más, el solo hecho de imaginar enfrentando un día más, realizando todos los actos cotidianos, el ir y venir, confieso, me dio un poco de fiaca. Así es que lo supe, hoy iba a ser un día fiacoso. Todavía en la cama me preguntaba porque no despierto con esa energía (que conocí en muy pocas personas, a decir verdad), esa fuerza vital y salir de la cama casi saltando y comenzar a mover el cuerpo de un lugar a otro, con la cabeza despierta y cierta alegría que no se puede disimular. Pero no, yo no, desperté, otro día más, con fiaca.

 

 

2

Ayer no pude dormir. Que cansador es no poder dormir! Tirada en la cama hacía fuerza para mantener los ojos cerrados y me concentraba en conciliar el sueño, pero tanto me concentraba que requería mucho esfuerzo y entonces me daba cuenta que era peor, que cada vez estaba más lejos de dormirme. De pronto me encontraba pensando en cosas que definitivamente no venían al caso, como por ejemplo qué tendría que haberle contestado a mi jefe una semana atrás cuando me hizo un comentario que me molestó, comentario totalmente insignificante y que en nada me afectaba a mi ni a mi trabajo. Cosas así me pasan cuando no puedo dormir. Entonces detengo ese pensamiento en seguida y me propongo, ya que dormir no voy a dormir, pensar, al menos, cosas más trascendentales, o al menos que parezcan de importancia para no sentir que estoy perdiendo el tiempo.

Siempre me gustó la idea de imaginarme sentada, totalmente inmóvil, con la mirada perdida y totalmente abstraída en mi pensamiento, que en ese momento alguien se me acerque a decirme algo, lo que sea, creyendo que no estoy haciendo nada, entonces le respondo, “shhh, silencio, estoy pensando”, y al instante esa persona me mire con respeto y me diga “disculpame, no sabía, te dejo trabajar, es decir, pensar”. Porque si bien es cierto que pensamos todo el tiempo, en todo momento, haciendo lo que sea, no son pensamientos pensados, es decir, una cosa es pensar, mientras esperamos el colectivo, “qué le pasará a este colectivo de mierda que no viene, hace ya casi media hora que estoy esperando, así las cosas no pueden funcionar, y este calor, ya no lo soporto, qué linda esa pollera, una así me tendría que comprar, ahí se suma uno más, ahora ya somos…¿ cuantos somos esperando? uno..dos..tres….cinco, más este seis, y el colectivo sigue sin venir, ya me estoy aburriendo de esperar…” y podemos seguir así durante todo el día. Pero otra cosa es dedicarse a penar, es decir pensar en lo que se está pensando y elegir qué pensar e ir construyendo el pensamiento poco a poco, elegir las palabras adecuadas y descartar las que no nos gustan, armar la imagen poniendo y sacando detalles, todo un trabajo!. Claro, muchos se dedican a pensar así en función de lo que están haciendo, plasman, de alguna manera, esos pensamientos en algún soporte que vuelva material toda esa abstracción, algo concreto, todos se desesperan por algo concreto “bueno sí sí, pero en concreto que queda?”. Lo concreto, lo concreto. ¿Acaso el resto no vale, al menos para uno?. Es agotador, siempre en contradicción, en tensión con lo que se debe y lo que se quiere o lo que sale, todo es culpa del maldito sistema. Hoy estoy de mal humor, como no si ayer no pude dormir nada y estoy acá en esta oficinucha soportando la radio de esta de al lado que podría cambiarla a algo mejor o al menos poner una música, aunque sea mala, cualquier cosa menos este tipo que habla estupideces sin parar, porque no piensa, porque es mentira que todos pensamos, hay gente que no piensa, como este tipo de la radio.

 

 

3

Empecé a dudar de lo que hago. Porque hace un rato criticaba y me enojaba con la idea de lo concreto, pero acaso ¿no estoy siguiendo yo el mismo camino? ¿Qué más cerca de pretender volver concreto algo es esto? Pienso mis pensamientos y luego escribo, escribo para (seamos sinceros) aspirar a que este derrame de pensamientos sea editado, publicado, vendido y leído por alguien más que no sea yo. O sea volverlo concreto, aprobado y aceptado por la sociedad: está haciendo algo, escribe y otros leen lo que escribe. Ahora, si solo me dedicara a pensar estas cosas y no se me ocurriese nunca escribirlas, nunca serían editadas y por tanto nunca nadie las leería; entonces ya no es aceptado por la sociedad: no hace nada, solo piensa. Está bien, supongo que en definitiva tiene que ser así, pero a veces no estoy muy segura.

 

Lo indiscernible

1

Hay un estado en el que lo real y lo irreal pierden su carácter estrictamente real e irreal y se funden en algo menos etiquetable, algo un tanto difícil de intentar describir en palabras. Presiento, la más de las veces, que no es un acontecimiento que me ocurre únicamente a mí; supongo, a menudo, que a otros existentes como yo, en ciertos momentos, a caso de imprevisto, suelen ser acometidos por estos estados que de pronto propongo internos, pero que sin embargo, de alguna manera que no puedo precisar muy bien, sobrepasan este término tan conflictivo y se exteriorizan, de alguna manera que tampoco podría precisar muy bien.

Este estado, las más de las veces, se presenta de manera cercana a lo imaginado, y sin embargo no como una fantasía, sino más bien como un recuerdo que todavía no aconteció. Pasado este estado suele crearse una confusión momentánea, tratando de ubicar, como solemos hacer con todo, el acontecimiento experimentado en ese estado  en un marco ya sea real o irreal de las cosas, aunque nosotros mismos no sepamos bien qué cosas definiríamos como reales y qué cosas como irreales.

Esta breve introducción pretende de alguna manera justificar lo que estoy a punto de escribir. Y asumo también que se convierte en una suerte de máscara para extrañarme de mis propias palabras, y, por sobre todo, de mis sentimientos. Seguramente sería más fácil sentarme a escribir con palabras claras, sin rebusques, y una narrativa simple, como la que suelo utilizar al hablar (un tanto atolondrada y –vos lo podrás saber más que yo- con millones de errores gramaticales a los cuales, por suerte, prefiero ignorar)

 

2

Otra vez soñé con él. Desperté y sentí todavía su presencia tan íntima, tan cerca que me invadió la angustia, por un momento quise llorar, pero no lo hice. Su imagen, sin embargo, se fue esfumando lentamente mientras terminaba de despertarme. Quise retener unos segundos más en la memoria los fragmentos del sueño, su voz casi susurrante parecía que nacía más de adentro mío que de su boca, el roce de sus dedos largos y finos sobre mi rostro apenas producían un mínimo contacto, como quien intenta acariciar algo de extrema fragilidad y sabe que al mínimo contacto puede estallar en mil pedazos, quebrarse, desarmarse y hasta evaporarse en un ráfaga de viento.

Son tan extraños estos sueños, cómo explicarlos. No es como un sueño, como algo que nace de un mundo que escapa a la realidad. Ni mientras ocurre, ni cuando despierto. La sensación es de algo vivido, más vivido que cualquier acontecimiento que pueda tener durante la vigilia. Es como estar viviendo algo que pertenece a otra esfera, a otro tiempo y otro espacio menos anclado, una sucesión de instantes tomados en su más mínimo detalle, un opacamiento del sonido. La situación, la sensación es lo más real que puedo haber experimentado, lo más verdadero. Esos sueños, éste sueño, son lo que verdaderamente soy, el resto es casi apariencia de quien pretenden que sea y de quien pretendo ser a la mirada de uno u otro. Estoy más allá que acá, y eso a veces me da miedo.

 

3

No puedo soportar más esta situación. Tengo que hacer algo, producir un cambio, encontrar el punto exacto de la línea en que me desvié y desde ahí comenzar de nuevo, mirando hacia otro lado y pensando de otra manera. Sobre todo eso, pensar de otra manera. Acaso pueda ser posible decidir uno, por sí mismo, elegir cada pensamiento, cada sensación. Me miento, todo el tiempo me miento, creo poder escapar como si de mí dependiera, pero hace rato ya que se que está fuera de mi control. Creemos que somos los dueños de nuestra vida, que solo depende de nosotros ser lo que somos, hacer lo que hacemos. Estamos tan equivocados! yo ya lo sé y es terrible saberlo, horrendamente terrible. Mi vida es mi condena. De nada sirven todas las decisiones que pueda tomar para cambiarlo, está escrito, está tallado dentro mío, tengo aún la capacidad de seguir y arrastrarme conmigo con resignación, un leve suspiro de fatiga de vez en cuando, a veces fingir que no lo sé para hacer más liviano el peso. Pero todavía estoy de este lado, al menos en apariencia.

 

4

Es su sombra, me sigue y me sigue, trato de confundirla y escabullirme para perderla, pero siempre vuelve a encontrarme, yo no se cómo hace. Ni siquiera es su imagen, a penas sí la idea de él, una cosa sin forma ni consistencia. Camino por las veredas rotas, pisando hojas amarillas y secas, el crac que sueltan las hojas al pisarlas se mezcla con el aire fresco de otoño que golpea con suaves movimientos mis manos y mi cara, la luz es blanca y sucia y todos los colores tienen algo de gastados, como lavados. Creo que pienso en otra cosa, creo que resuelvo cosas de lo que tengo que hacer, creo que estoy avanzando y que todo va mejor. Otra es la historia, si es que historia hay en este asunto, y si es que asunto es lo que es esto.

No muevo los pies ni piso las hojas, estoy detenida en un tiempo sin tiempo, en una eternidad inmóvil y aplastante, cubierta por su sombra, por esa idea que es él sin serlo, pero eso no es todo. Estoy yo inmóvil y a veces siento que no soy yo. El mundo sigue como si nada, con su constante rutina, los autos pasan y pasan, la gente murmura y murmura cosas sin sentido, noche y día, día y noche sucesivamente, y yo sigo inmóvil viviendo una eternidad insoportable. Que alguien me salve!

 

5

No importa cuanto podamos expresarnos, cuánto saquemos afuera de lo que somos, la verdad es que nadie nos conoce y no conocemos verdaderamente a nadie. Hay un mundo del que no puedo salir. Hay un mundo al que nadie puede entrar, por más esfuerzo y disposición. La soledad es algo que llevamos puesto, como un traje que va pegado a nuestro cuerpo y del cual jamás podremos librarnos. Somos individuos, somos únicos, si hay algo que nos iguala es justamente nuestra diversidad. Y así, cada uno deambula por su mundo propio y creemos conectar con el otro en un mundo común, pero no, ese mundo común no existe, no podemos aprehenderlo, aunque aparentemente, aparentemente… todos existimos en el mismo mundo, habitamos, hablamos, nos movemos, interactuamos, interactúo, me muevo, habito. Todos vivimos rodeados por una burbuja, nuestro mundo, y burbujas con burbujas intentan fundirse, mezclarse, superponerse, crear intersecciones, pero rebotan, o se pegan, andan juntas, ahora nunca, nunca, sobrepasan los límites de la propia burbuja.

Hay un mundo, tengo un mundo, soy un mundo, me construyo a mi misma cada día y mi realidad cambia, muta, se transforma. La realidad más allá de mi realidad se ve alterada por mi percepción y se vuelve imposible discernir una realidad de la otra. ¿Lo real es entonces lo que se mueve fuera de la burbuja?, ¿lo real es lo que tenemos dentro de la burbuja?, ¿nada es real’, todo es real?

Somos, en definitiva, aquello que queremos ser, vemos aquello que queremos ver, pensamos lo que queremos pensar. Pero también, en algún punto, somos aquello que ven que somos. Y la lucha, la tensión, el movimiento invisible que no nos hace inmóviles es esa tensión, esa diferencia, entre lo que somos y lo que ven que somos, el adentro de la burbuja y el afuera.

 

6

Ahora bien, detengámonos un momento, pensemos, todo esto de un mundo, muchos mundos etc está muy bien, pero tengo muchas dudas también. Por ejemplo dentro de la burbuja no existe el tiempo ni el espacio o bien pueden existir, pero son totalmente manipulables. Pueden existir, pero también podemos prescindir de ellos.

Ayer conversé con él, una vez más, como tantas otras veces. Hablé y hablé, todo lo que era preciso que llegara a sus oídos, sos responsable de tus actos.

 

La belleza

1

No todo es tan malo como a veces parece, ni lo que me resulta tan extraño a veces en verdad lo es. Un día despierto (siempre estoy despertando) y todo es tan simple, brilla con su simpleza. El sol entra por la ventana en un rayo fuerte, definido, directo. Lo se, en verdad que lo se, todo puede ser hermoso, solo hay que saber mirarlo. La luz hace que los colores griten de alegría, el silencio de la mañana es tan claro y puro que da placer oírlo. Cada roce, cada imagen es como un acontecimiento único, insuperable y maravilloso, no puedo evitar sonreír en cada encuentro con ellos. Si pudiera estirar este momento, hacerlo flexible, durable.

 

2

Hoy no puedo seguir escribiendo, hay momentos en que solo quiero disfrutar, cuando aparecen no puedo desperdiciarlos ¡son tan escasos! No hay angustia, no hay culpa, no hay miedo. Es hermosa esta tranquilidad, voy a reposar en ella todo lo que pueda, y quién sabe, quizás pueda mucho.

 

Los nervios y el miedo

1

Nervios, ansiedad, inquietud, angustia, temores. ¿A qué?, ¿por qué?, ¿de qué?

Ese constante malestar comienza a agotarme, ¿acaso no puedo conformarme con nada?, ¿es posible que nada me deje de alguna forma satisfecha? Soy yo que me llevo a todas partes y a veces casi no puedo soportarme. La intranquilidad de la calma, la tormenta que se desata en la aparente pasividad de las cosas.

Soy yo, losé.

Soy yo que ya no quiero ser yo.

El miedo palpita en todo mi cuerpo, las rodillas flaquean, el pecho se oprime, me invade la angustia (sube la náusea). Intranquilidad, intranquilidad.

Sueño, me proyecto, idealizo posibles futuros y ahí comienza a crecer el miedo. Me veo al espejo, reflexiono mi presente, me siento al sillón y no pienso, cierro los ojos y no pienso, pero el miedo sigue creciendo. Supongo, se me da por suponer, que aspiro a mucho, o por lo menos en algún momento que habita en mi pasado vivido proyecté para mi futuro (hoy mi presente) un determinado grado de excelencia en lo que haga o decida hacer. Me exigí más de lo que puedo dar seguramente y de pronto caigo en el abismo de las dudas y la frustración. Acaso me asumí más inteligente de lo que soy, y todos a mi alrededor fomentaron esa idea que hoy me llevan nada más que al rechazo de mí misma por no ser lo que yo y todos creían que podía ser. Porque es tan grande la presión de hacer algo que refleje mi inteligencia que me siento incapaz de hacer nada; solo puedo acceder a lo mediocre, y no estría mal si en mi pensamiento pudiera aceptar lo mediocre como algo bueno y con ello quedar satisfecha. El miedo, entonces, a lo que no soy. La angustia por no aceptarme como mediocre sabiéndome mediocre.

No se trata de cómo me veo frente al otro, el otro que juzga, mide, critica y determina. Se trata de cómo me veo ante mi misma, ante mis propias críticas, ante mi propia discriminación. Salto al grito de ¡¡quiero ser simple!!, pero reconozco que la simpleza que aspiro es la del genio. Sin embargo mi pesimismo me muestra que nada más lejos mío que la genialidad.

Bajo la cabeza, me siento frustrada, soy mediocre!.

 

2

Acaso a él también lo asumí más inteligente de lo que en realidad es. No sólo más inteligente, más humano, más sensible, más considerado y más desinteresado. Todo aquello que ponemos en el otro para acercarlo cada vez más a nuestro ideal.

Tanto te idealice que ahora no puedo ni mirarte, tu sola presencia se vuelve algo insoportable, ya no puedo permitirme tu existencia, es preciso que te borre, que elimine de mi mente todo recuerdo, todo pensamiento que se relacione a vos. Finalmente te convertiste en la piedra que obstruye mi camino, en mi desviación. Me perdí, si bien no sería justo decir por culpa tuya (ya sabes que no estoy de acuerdo con adjudicar culpas, no creo en la culpa y sí creo que la culpa mata y aniquila el espíritu del hombre) sí puedo decir, cosa que es muy distinto, a causa tuya. Me perdí en vos y por vos, pero ya no quiero más estar perdida, estoy tratando de volver.

No se quien voy a ser cuando vuelva y eso me aterra, no se con que me voy a encontrar, remo a contracorriente de mi vida y no tengo idea a donde quiero llegar, solo busco escaparme de este rincón oscuro en el que caí sin saber por qué ni cómo, y en donde lo único que flota, como un fantasma indeseado, es tu presencia, casi como un ángel, cubierto de una belleza pálida y con una sonrisa deslucida, me duele verte, pensarte, sentirte, me duele quererte y me duele odiarte, voy a eliminarte y eso también me duele.

 

 

1

A veces pienso que no soy yo la que escribe. No son mis palabras ni mis sentimientos y mucho menos mis pensamientos. Después me leo y no me reconozco en esas palabras. Tal vez alguien más, algo menos corpóreo busca expresarse a través mío, y me usa como vehículo. Algo que quedó sin decir, sin hacer en su vida ya evaporada, desintegrada en el tiempo y el espacio.

 

1

Otra vez creo estar mas allá que acá. Creo que me voy a quedar un rato allá… se está tranquilo y solo tengo que lidiar conmigo, es más cómodo… sí, ya sé, es la salida fácil, pero… ¿por qué no hacerlo fácil?

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